Bueno, como ya me quejé ayer de mis problemas mundanos, ahora voy a cumplir con lo que tenía previsto, aunque lo que me motiva hoy a escribir no es el tema que tenía en mente, sino dos programas que vi anoche en la tele y que me hicieron pensar. Uno trataba de personas que se han tenido que reciclar laboralmente por la crisis, y otro era el de "Españoles en el mundo", programa con el que siempre disfruto, pero que además ayer parecía continuar con la temática del programa anterior que comento.
(Madre mía, ahora el pintor se ha puesto a cantar la canción de Marco con deje coplero. ¡Socorro!) - ver entrada anterior.
Bueno, como decía: "Españoles en el mundo" contaba en esta ocasión con varias personas que habían dado un giro total a sus vidas, y todas acababan su explicación con el mismo pensamiento: la vida es corta y hay que hacer lo que a uno le haga feliz.
Todo esto me tocó ayer la fibra sensible más que cualquier otro día porque últimamente me estoy planteando ese tipo de cosas a raíz de la crisis. La verdad es que yo soy una de tantas personas afectadas y me toca reciclarme profesionalmente. Y llevo un tiempo hecha un lío. No tengo claro si debería seguir por el mismo camino o aprovechar la coyuntura para cambiar radicalmente y buscar algo que realmente me guste y que me haga feliz. Esto me ha provocado más agobio del que me hubiera gustado, porque aunque hay mil caminos que me gustaría emprender, el hecho de romper con mi pasado laboral y por así decirlo, echar por tierra toda mi experiencia, no me acaba de dejar tranquila. Me falta el empujoncito y la fuerza para decidir dedicarme a algo nuevo y empezar de cero.
Y el programa de ayer me animó mucho. Había ingenieros, informáticas, economistas...que dieron carpetazo a su vida anterior y se lanzaron a algo que no tenía nada que ver, pero que les hacía felices. E incluso tuvieron que empezar de cero, porque algunos no tenían ni la más mínima formación relacionada ni conocimiento ninguno, pero les ha ido bien. Una chica era tan feliz que no podía parar de sonreír. Y yo quiero eso. (Quién no, ¿verdad?).
La verdad es que a veces pienso que nuestra formación y nuestra trayectoria son un lastre. El sentido común nos dice que deberíamos construir a partir de lo que ya tenemos, pero el corazón nos dice otra cosa, y puede que si tuviéramos libertad para decidir sin el miedo a desaprovechar lo que ya hemos obtenido, podríamos dedicarnos a cosas que nos hicieran muy felices, y en las que, quién sabe, a lo mejor podríamos destacar. Porque ésa es otra: estoy convencida de que todos podemos ser brillantes en alguna actividad, pero quizá hemos elegido el camino equivocado y nos empeñamos en seguir ahí sin pasar de ser uno más del montón en toda nuestra vida.
Un ejemplo farandulero pero muy claro: Julio Iglesias era futbolista, aunque nadie lo recuerde de esa época. Se lesionó y entonces cogió una guitarra para pasar el rato durante su convalecencia, y hasta hoy. Se convirtió en un artista destacable (guste más o menos) porque encontró lo que de verdad se le daba bien.
Todo el mundo tiene algún talento, pero si no probamos otras cosas, nunca lo sabremos. Hay gente privilegiada a la que le encanta su trabajo. Una gran mayoría, en cambio, sólo lo tolera, y miran el reloj a la espera de que la jornada laboral pase lo antes posible y puedan dedicarse a algo que les apasiona, y a lo que llaman "hobbie" quitándole importancia. Bueno, ¿pues por qué no vivir de ese hobbie? ¿por qué no cultivarlo y trabajarlo y encontrar la manera de sacarle provecho? ¿por qué limitarse a mirar con envidia a los que sí se animaron a hacerlo? Y no menos importante: ¿por qué pensamos que dedicarnos a ello supone una ocupación de nivel inferior frente a la que ya teníamos?
Decimos que la vida es corta, y es verdad relativamente. Porque por otro lado, también es lo suficientemente larga (con suerte) como para no tener que pasarse cuarenta años haciendo exactamente lo mismo si no nos llena. ¿Por qué no emprender un nuevo camino después de pasar, digamos quince años, dedicándonos a la actividad que elegimos en primer lugar? ¿Qué problema hay? ¿Van a pesar más esos quince años que el resto de vida que nos queda por vivir? ¿De verdad merece la pena sacrificar así nuestro futuro?
Hace poco me leí un libro que me gustó mucho llamado "Cómo encontrar un trabajo satisfactorio", de Roman Krznaric. Me hace gracia porque me tendría que haber leído cualquier otro que tratara simple y llanamente de cómo encontrar un trabajo, que es lo que necesito ahora mismo, pero soy una idealista que tiene tendencia a ir a las nubes y no pude evitar comprarme ése y devorarlo. Y bueno, trataba de todo esto. Resumiendo, decía más o menos: busca qué es lo que te hace fluir en esta vida, lo que hace que te sientas en tu elemento, y busca la manera de dedicarte a ello. Prueba todos los caminos posibles, pero no te rindas. Siempre habrá una forma de aproximarte a ese trabajo que te gustaría tener.
Bonito pensamiento, ¿verdad? Pero ¿utópico? Pues quizá no tanto. Puede ser que nosotros mismos nos pongamos más trabas de las que en verdad existen. Quizá nos imaginamos el camino mucho más duro e inaccesible de lo que es, pero en el libro contaban varias experiencias de personas que no se conformaron con el camino que ya tenían trazado, y lo cierto es que te hacían pensar que hay muchas maneras de perseguir un deseo, y siempre hay alguna a nuestro alcance.
Es curioso, podría estar escribiendo sobre este tema durante horas sin cansarme, y seguro que me quedaban cosas por decir, pero no quiero torturaros, así que paro ya.
De todos modos, me encantaría seguir el debate con vuestras aportaciones, como siempre. :)




